Escocia, Gales e Irlanda del Norte avanzan con un frente común que vuelve a poner en discusión el futuro del Reino Unido
Los principales espacios nacionalistas de las tres naciones firmaron un acuerdo para coordinar sus reclamos de autodeterminación y presionar a Londres por nuevos referendos.
El futuro político y territorial del Reino Unido volvió a quedar en el centro del debate después de que los principales dirigentes nacionalistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte se reunieran este lunes en Cardiff para establecer una estrategia común en torno al derecho de sus territorios a decidir su relación con Londres.
El encuentro reunió a John Swinney, líder del Partido Nacional Escocés (SNP); Rhun ap Iorwerth, de Plaid Cymru, y Michelle O'Neill, vicepresidenta del Sinn Féin. Los tres ocupan actualmente el cargo de primeros ministros en sus respectivas administraciones autónomas, aunque participaron de la cumbre como dirigentes de sus partidos y no en representación oficial de los tres gobiernos.
La reunión tiene un peso político particular porque es la primera vez desde el establecimiento de los actuales sistemas de autonomía que Escocia, Gales e Irlanda del Norte tienen simultáneamente al frente de sus gobiernos a dirigentes pertenecientes a fuerzas partidarias de abandonar el Reino Unido.
Durante la cumbre, las tres fuerzas firmaron un memorando de entendimiento que establece una posición compartida sobre la autodeterminación. El objetivo es coordinar sus reclamos para que Westminster reconozca la posibilidad de que cada territorio pueda definir democráticamente su futuro constitucional.
El documento también busca aumentar la presión sobre el Gobierno británico para que contemple y facilite eventuales procesos de cambio constitucional. Sin embargo, la firma del acuerdo no implica la convocatoria automática de referendos ni modifica por sí misma la composición del Reino Unido.
Tres movimientos diferentes con un objetivo en común
Aunque los tres partidos coinciden en reclamar mayor capacidad para decidir su futuro, las situaciones políticas y constitucionales de Escocia, Gales e Irlanda del Norte son diferentes.
Escocia ya celebró un referéndum de independencia en 2014, cuando el 55,3% votó por permanecer dentro del Reino Unido y el 44,7% se pronunció por separarse. Desde entonces, el SNP mantiene entre sus principales objetivos la realización de una nueva consulta.
En Gales, Plaid Cymru también defiende la independencia, aunque históricamente el movimiento independentista tuvo un respaldo menor que en Escocia. Su llegada al gobierno galés aumentó el peso institucional de esa posición y colocó nuevamente la discusión constitucional dentro de la agenda política británica.
El caso de Irlanda del Norte tiene características distintas. Allí la discusión no gira alrededor de constituirse como un Estado independiente, sino sobre una eventual reunificación con la República de Irlanda, una posibilidad contemplada por el marco político surgido del Acuerdo de Viernes Santo.
La cumbre de Cardiff tampoco estuvo limitada a la cuestión constitucional. Las fuerzas participantes plantearon ampliar su cooperación en asuntos como economía, energía, relaciones con Europa y política internacional, buscando establecer puntos de trabajo conjunto entre las tres naciones.
El movimiento coloca nuevamente a Westminster ante una cuestión que atraviesa la política británica desde hace décadas: hasta dónde llega la autonomía de las naciones que integran el Reino Unido y bajo qué condiciones pueden modificar su vínculo constitucional con Londres.
Por ahora, el Reino Unido no enfrenta una ruptura inmediata ni existen tres referendos convocados. Lo que cambió es el escenario político: por primera vez, los principales dirigentes nacionalistas que gobiernan Escocia, Gales e Irlanda del Norte decidieron coordinar públicamente sus estrategias para reclamar que el futuro constitucional de cada nación pueda volver a ser sometido a las urnas.







