POSTURAS

El fenómeno ricotero frente a la grieta y los síntomas de una sociedad en busca de refugio

Lejos de la Casa Rosada y el Congreso, el velatorio del Indio Solari en Avellaneda desnudó una profunda paradoja social: una comunidad policlasista, huérfana de representación política, que movilizó una energía colectiva que hoy ningún dirigente puede canalizar.

El funeral del Indio Solari en Avellaneda ya se inscribió en las páginas doradas de los mitos populares argentinos. 

Con filas kilométricas, que superaron los cuatro kilómetros en sus picos de mayor masividad y un flujo ininterrumpido que superó las 100.000 personas a lo largo de casi veinte horas de vigilia, la despedida del exlíder de Los Redondos excedió por completo los márgenes del rock para convertirse en un hecho político de primer orden. 

La frialdad de la Casa Rosada y la sutil proscripción del gobierno de Javier Milei -que prefirió cerrar con candado los Palacios del Estado y negarle el Congreso o la Plaza de Mayo- obligaron a una negociación a contrarreloj entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner para trasladar la ceremonia al sur del conurbano. 

Lejos del centro porteño, la familia del músico desactivó cualquier especulación oficialista con una calidez ejemplar, manteniendo las puertas abiertas hasta que el temporal de lluvia y el cese natural de la concurrencia dieron por finalizado el encuentro en absoluta paz. Sin embargo, detrás del pogo más triste del mundo bajo las bengalas y el llanto, quedó flotando una pregunta incómoda para todo el arco dirigencial: ¿qué fibra íntima tocó esta movilización y qué síntomas revela sobre una Argentina rota?

Para intelectuales y analistas de diversas vertientes, el fenómeno ricotero desnudó una profunda crisis de representación. El sociólogo Pablo Semán advierte que intentar leer este funeral en clave binaria, partidaria o como el nacimiento de un "nuevo 2001" es un error extrínseco. Lo que se reunió en Avellaneda no fue un aparato electoral, sino una "comunidad de sentido" que cruza transversalmente a abuelos, hijos y nietos. Esta pluralidad social y generacional es, según el exsecretario de Cultura Pablo Avelluto, uno de los pocos hechos estrictamente policlasistas de la Argentina contemporánea, unido por una ética de resistencia y supervivencia ante el sistema. A pesar de que el Indio Solari nunca fue políticamente neutro -reivindicando su peronismo y su sintonía histórica con Cristina Kirchner-, la multitud que lo lloró desborda las fronteras de cualquier orgánica. 

En una sociedad donde el peronismo discute sus liderazgos en una crisis abierta, el progresismo pierde centralidad y el oficialismo libertario domina la escena, esta masa humana demostró que existe un enorme electorado vacante de representación: ciudadanos que no comulgan con los valores de la Casa Rosada pero tampoco encuentran en la oferta opositora nada que los entusiasme.

La reacción del Ejecutivo nacional frente al duelo colectivo también expuso las limitaciones de la lógica de trincheras. Intelectuales como Roy Hora criticaron con dureza la decisión oficial de ausentarse del sentimiento de media Argentina, tildando la renuencia estatal como una visión "pobre y oscura de la cultura" que falta al deber institucional de simbolizar la unidad nacional en el saludo final a un ídolo popular. 

En la vereda de enfrente, el filósofo Alejandro Rozitchner intentó desdramatizar la grieta afirmando que, más allá de los gustos artísticos personales, "es absurdo pelearse por música". Al final del día, el mensaje más profundo que dejó la peregrinación a Avellaneda no fue una consigna electoral ni una candidatura en gestación. Fue la demostración de que, en la Argentina de 2026, mientras las estructuras políticas tradicionales crujen y pierden la capacidad de convocar a la sociedad, las comunidades culturales y los símbolos construidos en la autogestión siguen siendo el único refugio genuino para las almas rotas.

Las voces y diagnósticos sobre la multitud ricotera

  • El criterio situacional del duelo: Pablo Semán remarcó que la multitud reaccionó de forma inteligente y mesurada, armando pogos contenidos y autoconscientes que priorizaron el respeto respetuoso ante la muerte por sobre la intensidad de un recital.

  • La trampa de la traducción electoral: Los analistas coinciden en que no hay un lazo automático entre el gusto musical y el voto; la comunidad que comparte la poética del Indio es tan amplia que incluye tanto a opositores como a personas que votaron -o volverían a votar- a las opciones libertarias.

  • Movilizaciones sin encuadre: Para Avelluto, el funeral dialoga de forma directa con las marchas universitarias de los últimos tiempos, revelando una porción de la sociedad civil que se moviliza de forma masiva sin responder a sindicatos, partidos o agrupaciones tradicionales.

  • La dignidad y el cuidado mutuo: Frente al temporal y al desierro geográfico impuesto por el poder central, la multitud validó en la calle el código más sagrado que el Indio les dejó a sus seguidores: el respeto mutuo y el "cuidar a los cachorros".

Esta nota habla de:
Más de Líderes