驴Por qu茅 Trump quiere anexionar Groenlandia?
La ambici贸n de Estados Unidos por la isla 谩rtica responde a razones estrat茅gicas, militares y econ贸micas, en medio de la creciente disputa global por el control del 脕rtico.
El inter茅s de Donald Trump por Groenlandia volvi贸 a sacudir el tablero internacional a comienzos de 2026, en un contexto marcado por un giro m谩s confrontativo de la pol铆tica exterior estadounidense. Tras el episodio venezolano, la gigantesca isla del 脕rtico pas贸 a ocupar un lugar prioritario en la agenda estrat茅gica de Washington, ya no como una excentricidad discursiva sino como una hip贸tesis que se discute abiertamente en la Casa Blanca.
Groenlandia es un territorio aut贸nomo que forma parte del Dinamarca, con derecho reconocido a avanzar hacia la independencia bajo el derecho internacional. Con apenas 57 mil habitantes, su peso demogr谩fico es reducido, pero su valor geopol铆tico es enorme. Una encuesta reciente mostr贸 que m谩s de la mitad de la poblaci贸n apoya la independencia de Dinamarca, aunque solo una minor铆a m铆nima ve con buenos ojos un eventual protectorado de Estados Unidos.
El primer argumento de Trump es estrictamente estrat茅gico. Groenlandia ocupa una posici贸n clave en el 脕rtico, una regi贸n donde se intensifica la competencia entre Estados Unidos, Rusia y China. El control de rutas mar铆timas emergentes, la vigilancia a茅rea y satelital y la proximidad a territorios rusos convierten a la isla en una pieza central del esquema de defensa norteamericano.
A ese factor se suma el inter茅s militar. Desde la 贸ptica del Pent谩gono, Groenlandia permitir铆a reforzar el sistema de alerta temprana y ampliar la capacidad de despliegue en el hemisferio norte. No es casual que Trump y su entorno repitan que la isla es fundamental para la "seguridad nacional", incluso al punto de no descartar escenarios de presi贸n extrema si identifican amenazas externas.
El segundo gran motivo es econ贸mico y energ茅tico. Bajo el hielo groenland茅s se estima la existencia de importantes reservas de minerales estrat茅gicos -tierras raras, uranio y otros recursos cr铆ticos- que son claves para la industria tecnol贸gica y militar. En un mundo que acelera la transici贸n energ茅tica y la competencia por insumos estrat茅gicos, asegurar ese acceso resulta vital para Washington.
Las declaraciones de Stephen Miller, uno de los asesores m谩s influyentes de Trump, funcionaron como catalizador de la crisis. Al afirmar que "nadie se opondr谩 militarmente a Estados Unidos por el futuro de Groenlandia", encendi贸 alarmas en Europa y profundiz贸 el malestar diplom谩tico con Copenhague.
La reacci贸n no tard贸 en llegar. Desde la Uni贸n Europea, el presidente del Consejo Europeo reiter贸 el respaldo pleno a Dinamarca y advirti贸 que el bloque no tolerar谩 violaciones al derecho internacional. Groenlandia, aunque aut贸noma, forma parte de un Estado miembro de la UE y tambi茅n de la OTAN, lo que eleva el conflicto a un nivel in茅dito entre aliados hist贸ricos.
En ese marco, el secretario de Estado Marco Rubio confirm贸 contactos diplom谩ticos con Dinamarca, pero dej贸 abierta una definici贸n inquietante: si el presidente detecta una amenaza directa a la seguridad nacional, Estados Unidos se reserva el derecho de responder incluso con medios militares. La frase fue le铆da como una se帽al de endurecimiento m谩s que como un gesto de negociaci贸n.
Para Trump, comprar o forzar el control de Groenlandia ser铆a una jugada preventiva frente al avance ruso y chino en el 脕rtico. Para Europa, en cambio, representa un desaf铆o directo al orden internacional y a las reglas que rigen la soberan铆a territorial. M谩s all谩 de los argumentos estrat茅gicos, la disputa revela una constante del trumpismo: la voluntad de tensionar al m谩ximo los l铆mites del sistema global, incluso cuando eso implica confrontar con aliados tradicionales.