"Me discriminan": El descargo de la abogada acusada de racismo en Brasil
Agostina Páez admitió que su reacción fue "repudiable", pero denunció recibir insultos irreproducibles en redes. Aseguró que el episodio en el bar brasileño comenzó por una estafa y que explotó tras un gesto obsceno de un empleado.
Lo que empezó como una discusión por una cuenta mal cobrada en un bar de Brasil terminó en un escándalo internacional. Hoy, de regreso en Argentina, Páez afirma estar bajo tratamiento psicológico y "sobrepasada" por el odio digital, mientras intenta despegarse de los gestos de su propio padre.
1. La versión de los hechos: "¿Por qué me salió eso?"
Según la abogada, el conflicto no fue gratuito, aunque admite que su respuesta fue injustificable:
La chispa: Una pelea por consumos no realizados. "Nos estaban robando", afirmó.
La provocación: Asegura que un empleado del bar se tocó los genitales y le gritó en la calle.
El gesto del mono: "Me salió hacerle ese gesto. Sé que me equivoqué, fue impulsivo en un momento de muchísima tensión", explicó en TN.
2. "Víctima de la misma violencia"
Páez denunció que quienes la critican por racista están usando el mismo lenguaje discriminatorio contra ella:
Hostigamiento: Contó que recibe insultos por su aspecto físico y agravios racistas inversos ("N... de m...").
Salud Mental: Confesó que se "obsesiona" mirando los comentarios negativos, por lo que empezó terapia y se refugia en sus amigas. "En Argentina me siento más segura que encerrada en Brasil".
3. El escándalo del padre: "Un horror"
Como si fuera poco, la viralización de gestos similares por parte de su padre empeoró su situación pública:
Distanciamiento: "Casi me muero cuando lo vi en los medios. Es una vergüenza", sentenció Agostina.
Responsabilidad: Aseguró que no viene de una familia racista y que está muy enojada con él. "Yo soy la que estuvo en Brasil y la que hizo la introspección, no puedo hacerme cargo de lo que él haga".
El juicio de las redes vs. el legal
El caso de Agostina Páez reabre el debate sobre la "cultura de la cancelación". Si bien ella admite un delito (el racismo en Brasil es severamente penado y socialmente condenado), su defensa apunta a la desproporcionalidad de la reacción digital. Sin embargo, en el clima actual, los gestos de su padre terminaron por hundir su estrategia de "error aislado", dejando a la joven en una posición defensiva difícil de sostener ante la opinión pública.






